Nunca quise cobrar por mi belleza
ni en moneda ni en trato de favor
-Dios o mis padres me la concedieron
así que no me debe nadie nada-
y mucho menos compensar la brecha
de edad, de estatus o de inteligencia,
con un fingido amor interesado
-mi ofrenda vale más que todo eso-.
Lo dijo hace 2500 años
-y desde entonces tú sin darte cuenta-
quien quiera que firmara bajo el nombre
de Teognis de Mégara los versos:
Resiste, corazón, no eres el único
que se enamora de lo que es hermoso.
No me juzgues tan mal:
si fuera como crees que soy habría
preferido un fotógrafo a un poeta.
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