Así (Soneto doble en verso blanco)
Así (Soneto doble en verso blanco)
Igual que un ciego (desde que nació:
feliz mientras no puede echar de menos
aquello que -aseguran- se ha perdido,
y pasa el día entre una sinfonía
de sensaciones -táctiles, audibles,
olfativas tal vez: indetectables
para cualquiera que ahora esté leyendo
sin los dedos los versos que hoy escribo-;
y da paseos con su lazarillo
o va con su bastón reconociendo
los cambios de relieve en los bordillos
contiguos a cualquier paso de cebra
-hasta que llega un día en que de pronto
por un milagro nanotecnológico
la luz se hace paulatinamente
fijando los contornos de las cosas,
los colores, al hombre en los espejos
al que ha acabado por acostumbrarse;
pero que de manera inexplicable
termina complicándose y volviendo
a la anterior oscuridad perpetua
definitivamente irreversible)
al que un amigo -en shock por la tragedia-,
poniendo sus mejores intenciones,
intenta torpemente consolar
diciéndole tranquilo, con el tiempo
podrás mirarlo por el lado bueno:
al fin y al cabo estás igual que antes.
Soleá frustrá
Soleá frustrá
Te has despertado quejándote
de que el sol te da en la cara
-¿Quieres que vaya y lo apague?-
presto a ponerme en campaña,
te he preguntado, y me has dicho
-Mejor baja la persiana.
-Pues para eso me quedo
un rato más en la cama.
De mística inmasticable
De mística inmasticable
Pasados unos años todo encaja,
la trama va adquiriendo su sentido;
se trata de aceptar lo inasumible
así como quien no quiere la cosa.
Y llega un día en que, antes de acostarte
y decidir que aún siendo entre semana
no habrá despertador que programar,
reniegas de la vida y la concibes
como una guerra santa que has librado
en el bando de un dios no verdadero
cayendo en la batalla y en la cuenta
-al darte con la puerta en las narices
aquí, en el más allá- de que era un fraude:
que el Otro era el que existe y el que tiene
reservado el derecho de admisión.
5 de Mayo de 2015
- Venden una menor a un proxeneta por 1500 euros y nos escandaliza el precio.
- La dignidad no es tanto lo último que se pierde como lo último en salir: el manotazo del ahogado.
- Los taxis y la geodésica.
- Ése saber que nunca en la vida llegarás a ser de derechas pese a haber perdido todos los ideales. Me cago en la puta: con lo bien que me iría.
- Ése saber que ya no volverás a declararte de izquierdas pese a seguir inevitablemente siéndolo. Me cago en la puta: con lo bien que me iría.
Gracias
Gracias
¿Qué escribir desde hará cerca de un año
cubierta como tengo la exigible
-al menos de una forma que jamás
me pude imaginar que llegaría
ya no a cubrir si no a rozar siquiera
en esta vida o en las sucesivas-
cuota para sentirme satisfecho
ciñéndome a parámetros humanos:
un amor, cuatro amigos, un trabajo
-quiero decir un sueldo, ya me entiendes-
y libros que no caben en la casa?
No necesito pues dejar constancia
por escrito de nada -de momento-:
que más no le pidió Violeta Parra
y sé que no soy digno de su ejemplo.
Palabra de honor sobre palabra
Palabra de honor sobre palabra
Tengo en casa de mis padres
-es decir, en Valencia-
un ejemplar de Palabra
sobre palabra
de Ángel González
firmado por el autor
que me regalaste
el primer fin de semana
que pasamos juntos
-o encerrados
voluntariamente,
para ser más concretos-.
Llegó a tus manos a través
de una especie de juego
de esos en cadena,
y después de firmarlo tú misma
tras tres o cuatro más
que ya lo habían hecho previamente
me hiciste prometer
que se lo regalaría
a su vez a la próxima
chica de la que volviera
a enamorarme
después de ti
-en eso consistía
el juego de marras-.
Qué quieres que te diga.
Hace dos años y medio
y me conoces
lo suficiente
para saber que soy un hombre de palabra
-como los de antes, vamos-
y que pienso cumplir
la primera promesa
que te hice
a rajatabla
pero no te equivoques:
a ver alma de cántaro,
mi amor, mi todo
¿de verdad has llegado
a pensar aunque sea
sólo por un segundo
que me plantearía
siquiera
en algún momento
de mi existencia
deshacerme
así como así
-o de cualquier otro modo-
de semejante reliquia
que andará por algún
inaccesible cajón,
tercera fila de una estantería,
debajo de la cama,
o adivínate dónde
lo habrá puesto mi madre,
es decir, en Valencia:
donde guardo los libros
que no son importantes?
Puede el bueno de Ángel
-inspirador maestro-
descansar bien tranquilo:
mi firma no estará junto a la suya.
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