Gracias
Gracias
¿Qué escribir desde hará cerca de un año
cubierta como tengo la exigible
-al menos de una forma que jamás
me pude imaginar que llegaría
ya no a cubrir si no a rozar siquiera
en esta vida o en las sucesivas-
cuota para sentirme satisfecho
ciñéndome a parámetros humanos:
un amor, cuatro amigos, un trabajo
-quiero decir un sueldo, ya me entiendes-
y libros que no caben en la casa?
No necesito pues dejar constancia
por escrito de nada -de momento-:
que más no le pidió Violeta Parra
y sé que no soy digno de su ejemplo.
Palabra de honor sobre palabra
Palabra de honor sobre palabra
Tengo en casa de mis padres
-es decir, en Valencia-
un ejemplar de Palabra
sobre palabra
de Ángel González
firmado por el autor
que me regalaste
el primer fin de semana
que pasamos juntos
-o encerrados
voluntariamente,
para ser más concretos-.
Llegó a tus manos a través
de una especie de juego
de esos en cadena,
y después de firmarlo tú misma
tras tres o cuatro más
que ya lo habían hecho previamente
me hiciste prometer
que se lo regalaría
a su vez a la próxima
chica de la que volviera
a enamorarme
después de ti
-en eso consistía
el juego de marras-.
Qué quieres que te diga.
Hace dos años y medio
y me conoces
lo suficiente
para saber que soy un hombre de palabra
-como los de antes, vamos-
y que pienso cumplir
la primera promesa
que te hice
a rajatabla
pero no te equivoques:
a ver alma de cántaro,
mi amor, mi todo
¿de verdad has llegado
a pensar aunque sea
sólo por un segundo
que me plantearía
siquiera
en algún momento
de mi existencia
deshacerme
así como así
-o de cualquier otro modo-
de semejante reliquia
que andará por algún
inaccesible cajón,
tercera fila de una estantería,
debajo de la cama,
o adivínate dónde
lo habrá puesto mi madre,
es decir, en Valencia:
donde guardo los libros
que no son importantes?
Puede el bueno de Ángel
-inspirador maestro-
descansar bien tranquilo:
mi firma no estará junto a la suya.
24 de Marzo de 2014
- Extranjero de nacimiento.
- -Tú no piensas: tú te comes la cabeza- me dijo.
- Mil noches con Maud.
- Los buenos aforismos se leen como mínimo dos veces: la primera y la anterior.
- Gobiernan tan rematadamente mal que cualquier protesta es demagogia.
22 de Marzo de 2014
- Me encuentro perdido.
- Parecía latir, pero ya no era más que un corazón con goteras.
- El periódico del bar: ése sutil derecho de admisión ideológica.
- Unos pocos meses en el núcleo de la engañifa independentista y -como sin duda ocurriría ante cualquier otra presión totalitaria- confirmo mis peores sospechas: yo también soy de los que callan.
- ¡Parad el mundo que quiero bajarme!- gritó.
Y conducía él.
Diari d'Anglès (6)
Anglès, 4-III-14
Hace una media hora
-son las siete
y acaba de sonar
(con la acostumbrada estridencia
que le caracteriza)
la ridícula alarma del móvil
que siempre posponemos diez minutos
para que te dirijas al trabajo-
me he despertado recordando
aquel concierto de Frank Sinatra
al que evidentemente nunca fui.
Y acto seguido me he puesto a pensar
si acaso no hayan sido
-de la misma manera-
resaca persistente de algún sueño
que no arrastró del todo la marea
de la vigilia,
tantos otros conciertos
de gente a la que paso a enumerar.
A Bob Dylan dos veces
-de tan joven
que la opción por lo onírico
dobla la apuesta-.
A Lou Reed con el público sentado
y yo saltando encima de la silla.
A Love con Arthur Lee.
A Leonard Cohen -el mejor de todos-.
La decepción suprema de King Crimson
y unos cuantos más que el tiempo
quizá también encumbre como clásicos
-a Pulp, a Radiohead, a Morrissey,
a Nick Cave (sin dudarlo, el que más cerca
está de los mentados previamente)-.
Y, en fin, mejor ni hablar de las decenas
de grupos españoles -en un lapso
de cuatro o cinco años
¿exisitirá algún grupo nacional
que no viera en directo
con mi amigo Txavi?-.
Aquel de Los Planetas
del que salimos cruzando
sin mirar
por autovías
en plena noche
porque nos la sudaba
-y casi deseábamos
(o eso decíamos)-
morir atropellados.
Creo que salen
rozando el centenar
tal vez largo
de conciertos
de grupos que ni yo mismo conozco
en ocasiones.
Quizá
si alguien es crítico
de música
-el único 'trabajo'
que podría envidiar-
le pueda parecer poco.
Lo cierto es que hace ya casi una década
que no voy a conciertos
más de una vez al año
como mucho
-pero como mucho
mucho-.
Y a lo mejor por eso
-hace casi una hora-
me ha surgido la duda
de si habrán sido ciertos
los nombrados
o si no he visto a más
que sin duda no he visto
-alguno que por mí ha resucitado-.
Con el resto -la vida-
lo tengo más claro.
Hasta que apareciste tú
-no hace más de tres años-
todo mentira.
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