naufragio

Palabra de honor sobre palabra


Palabra de honor sobre palabra

Tengo en casa de mis padres
-es decir, en Valencia-
un ejemplar de Palabra
sobre palabra
de Ángel González
firmado por el autor
que me regalaste
el primer fin de semana
que pasamos juntos
-o encerrados
voluntariamente,
para ser más concretos-.

Llegó a tus manos a través
de una especie de juego
de esos en cadena,
y después de firmarlo tú misma
tras tres o cuatro más
que ya lo habían hecho previamente
me hiciste prometer
que se lo regalaría
a su vez a la próxima
chica de la que volviera
a enamorarme
después de ti
-en eso consistía
el juego de marras-.

Qué quieres que te diga.

Hace dos años y medio
y me conoces
lo suficiente
para saber que soy un hombre de palabra
-como los de antes, vamos-
y que pienso cumplir
la primera promesa
que te hice

a rajatabla

pero no te equivoques:
a ver alma de cántaro,
mi amor, mi todo
¿de verdad has llegado
a pensar aunque sea
sólo por un segundo
que me plantearía
siquiera
en algún momento
de mi existencia
deshacerme
así como así
-o de cualquier otro modo-
de semejante reliquia

que andará por algún
inaccesible cajón,
tercera fila de una estantería,
debajo de la cama,
o adivínate dónde
lo habrá puesto mi madre,
es decir, en Valencia:
donde guardo los libros
que no son importantes?

Puede el bueno de Ángel
-inspirador maestro-
descansar bien tranquilo:
mi firma no estará junto a la suya.

24 de Marzo de 2014


  • Extranjero de nacimiento.

  • -Tú no piensas: tú te comes la cabeza- me dijo.
Todavía le estoy dando vueltas.


  • Mil noches con Maud.

  • Los buenos aforismos se leen como mínimo dos veces: la primera y la anterior.

  • Gobiernan tan rematadamente mal que cualquier protesta es demagogia.

22 de Marzo de 2014


  • Me encuentro perdido.

  • Parecía latir, pero ya no era más que un corazón con goteras.

  • El periódico del bar: ése sutil derecho de admisión ideológica.

  • Unos pocos meses en el núcleo de la engañifa independentista y -como sin duda ocurriría ante cualquier otra presión totalitaria- confirmo mis peores sospechas: yo también soy de los que callan.

  • ¡Parad el mundo que quiero bajarme!- gritó.
Y conducía él.

Diari d'Anglès (6)


Anglès, 4-III-14

Hace una media hora
-son las siete
y acaba de sonar
(con la acostumbrada estridencia
que le caracteriza)
la ridícula alarma del móvil
que siempre posponemos diez minutos
para que te dirijas al trabajo-
me he despertado recordando
aquel concierto de Frank Sinatra
al que evidentemente nunca fui.

Y acto seguido me he puesto a pensar
si acaso no hayan sido
-de la misma manera-
resaca persistente de algún sueño
que no arrastró del todo la marea
de la vigilia,
tantos otros conciertos
de gente a la que paso a enumerar.

A Bob Dylan dos veces
-de tan joven
que la opción por lo onírico
dobla la apuesta-.

A Lou Reed con el público sentado
y yo saltando encima de la silla.

A Love con Arthur Lee.

A Leonard Cohen -el mejor de todos-.

La decepción suprema de King Crimson
y unos cuantos más que el tiempo
quizá también encumbre como clásicos

-a Pulp, a Radiohead, a Morrissey,
a Nick Cave (sin dudarlo, el que más cerca
está de los mentados previamente)-.

Y, en fin, mejor ni hablar de las decenas
de grupos españoles -en un lapso
de cuatro o cinco años
¿exisitirá algún grupo nacional
que no viera en directo
con mi amigo Txavi?-.

Aquel de Los Planetas
del que salimos cruzando
sin mirar
por autovías
en plena noche
porque nos la sudaba
-y casi deseábamos
(o eso decíamos)-
morir atropellados.

Creo que salen
rozando el centenar
tal vez largo
de conciertos
de grupos que ni yo mismo conozco
en ocasiones.

Quizá
si alguien es crítico
de música
-el único 'trabajo'
que podría envidiar-
le pueda parecer poco.

Lo cierto es que hace ya casi una década
que no voy a conciertos
más de una vez al año
como mucho
-pero como mucho
mucho-.

Y a lo mejor por eso
-hace casi una hora-
me ha surgido la duda
de si habrán sido ciertos
los nombrados
o si no he visto a más
que sin duda no he visto
-alguno que por mí ha resucitado-.

Con el resto -la vida-
lo tengo más claro.

Hasta que apareciste tú
-no hace más de tres años-
todo mentira.

Como un sueño


Como un sueño

Su amor era
-según decían-
como un sueño.

Pero debieron quedarse dormidos
en una mala postura.

Dolía tanto
cuando despertaron.