Peteneras
A las seis de la mañana
no sonó el despertador:
eran campanas doblando
desde el tren de la estación
convertida en camposanto.
El día paso en tinieblas:
si te vas de madrugá
no sale el sol, que la tierra
-compañera de mi alma-
me ve y se queda pará.
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Fugitivo
Abrázame tan fuerte como puedas:
igual que si mañana no existiéramos
ninguno de los dos y nos fundiésemos
hasta chocar tu pecho con mi espalda.
Abrázame y -sin darte explicaciones
que no puedo ofrecer ni que creerías
en caso de tenerlas- ven conmigo
o quédate un momento para siempre:
no tengo más remedio que aferrarme
a la estabilidad del fugitivo
la noche del reencuentro con los suyos
a punto como están de darle caza
las mafias y demás autoridades
que tantos meses llevan en su busca.
Del charco bautismal
Del charco bautismal
Yo andaba tan tranquilo y tú llegaste
igual que un conductor que saca el coche
en plena tempestad y va acercándose
a un charco que parece una piscina
y no sólo lo ve si no que pisa
el acelerador a fondo y ríe
tras escuchar los gritos e improperios
que le dedica -yo- la pobre víctima
desde el retrovisor -vergüenza y rabia-
como un David, de forma previsible,
finalmente humillado por Goliat.
Así pasaste, rauda, y desde entonces
maldigo al puto sol que al poco tiempo
salió y secó -me alegra cada ocaso-
los rastros del amor con que me ungiste.
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